Sostuve el pequeño dispositivo con las pinzas, sintiendo cómo el metal frío me devolvía el reflejo de la luz de la habitación. El corazón me golpeaba las costillas. No era un error; era una baliza de proximidad quirúrgica. Sterling no solo quería a los Volkov muertos; quería saber exactamente cuándo y dónde dar el golpe final.
Salí de la habitación de Luka y caminé por el pasillo de mármol. El silencio de la mansión ahora me parecía una soga al cuello. No busqué a los guardias; busqué directame