El traslado a la mansión Volkov no fue una invitación, fue una extracción militar. Antes de que el sol saliera sobre "La Grieta", los hombres de Nikolai habían desmantelado mi clínica, metiendo mi instrumental en cajas numeradas. Me subieron a un coche blindado con las ventanillas tintadas, dejando atrás la única libertad que me quedaba: la de ser nadie.
La mansión estaba situada en lo alto de una colina, protegida por muros de piedra y cámaras que seguían cada movimiento. Era un palacio de már