El hidroavión descendió sobre las aguas turquesas del Caribe con una suavidad que contrastaba con la tormenta que Mila llevaba por dentro. Frente a ellos, una mota de tierra verde esmeralda rodeada de arena blanca: Isla Vantress. Un paraíso privado que, para Mila, no era más que una prisión flotante equipada con la tecnología de vigilancia más avanzada del mundo.
Dante no le había dirigido la palabra desde que salieron de Nueva York. Su silencio era un muro de hielo que ella no lograba flanquea