El nuevo lugar era más hermoso de lo que podíamos imaginar. Había cavernas que se abrían a campos de césped verde, ríos de agua clara que venían de Zerofrost y se iban al exterior, y árboles que crecían a medio camino — algunos con hojas de la tierra subterránea, otros con hojas que brillaban al sol. Los cristales dorados en nuestro pelaje emitían una luz suave que se mezclaba con el sol, y el silencio era ahora un silencio lleno de vida: el susurro de las hojas, el gorjeo de pájaros que nunca