Cinco meses habían pasado desde que Bronco, Nieve y Luna se habían unido a nosotros. Aethelgard había crecido mucho: más lobos del exterior venían cada semana, atraídos por el latido de Aethel y el silencio de la posibilidad. Ahora había más de cien lobos — algunos con rangos, algunos sin, todos viviendo juntos en paz. Los betas habían construido más cavernas y canales, los alfas vigilaban sin miedo, los omegas veían futuros llenos de crecimiento, y los gammas hablábamos tanto con palabras como