La mañana en Venturis nació gris, como si el cielo reflejara la tormenta que se avecinaba sobre la familia Vargas. Elena no había dormido. Se encontraba en la oficina privada de Alek, observando una hilera de monitores que mostraban la caída en picada de las acciones de la empresa de Dante.
Alek entró en la sala, luciendo un traje gris plomo, impecable. Dejó una carpeta sobre el escritorio de cristal.
—Los auditores que envié anoche han terminado. Dante no solo es un mentiroso, es un estafador