Dos días después del nacimiento de Ana, regresaron a casa. El hospital les había dado el alta a Lina y a la niña — ambas estaban bien, aunque Lina estaba cansada. Marcus había preparado la casa: había puesto flores en todas las habitaciones, limpiado el jardín y preparado una cama nueva para Ana en la habitación que habían decorado.
“Bienvenidas a casa, mami y Ana”, dijo Elara, abriendo la puerta.
Lina se sentó en el sofá, con Ana en los brazos. La niña estaba dormida, con sus pequeños puños ce