El jet privado de Alek aterrizó en Venturis bajo un cielo encapotado que amenazaba tormenta. El ambiente en la cabina era eléctrico. Elena no había soltado su teléfono en todo el viaje, intentando comunicarse con la casa de seguridad, pero las líneas estaban muertas.
—Es una interferencia profesional —dijo Alek, ajustando su arma en la funda oculta bajo su chaqueta—. Isabella les ha proporcionado equipo militar. No solo quieren a tu madre, Elena. Quieren que yo vaya a buscarla para emboscarnos.