La primavera había hecho que Aethelgard volviera a ser verde y lleno de flores. El árbol del invierno había crecido un poco más, y su calor había creado un camino suave hacia las montañas — un camino que los omegas habían visto en su visión. Un día, Luna vio un grupo de sombras en la cima de las montañas y corrió a decirnos:
"Están aquí!", gritó. "Los lobos de las montañas! Vienen por el camino del árbol del invierno!"
Fuimos a recibirlos, y cuando llegaron, nos sorprendimos. Eran lobos grandes