Los primeros días en el lago del Oeste fueron como un sueño. Las manadas comieron hasta estar llenos — los ciervos eran fáciles de cazar, los peces abundaban en las aguas claras y el césped verde daba de comer a los pequeños. Los heridos se curaron rápidamente con las hierbas de Nube, y las crías corrieron y jugaron sin miedo a la hambre.
Carlos pasaba sus días nadando en el lago con Luna, Zoe y Rayo. Fuego se había vuelto su amigo — los dos salían a cazar juntos por la tarde, y hablaban de lo