— ¿Estás pálida, querida? —Russo sonríe maliciosa.
—No sé de qué estás hablando, tú y yo somos diferentes. Tú eres una mujer cruel y maldita.
—Te vi mientras Cedric cuidaba a los niños para que fueras al baño. Te vi con Lucifer, y lo primero que pensé fue que asco. Un hombre tan apuesto como él con una anciana como tú.
—¡Cállate, infeliz!
—No, no y no, querida. Pienso ¿qué hará mi Leonardo al saber este tremendo secreto? Pero no tanto él, sino el cabecilla, con el cual tengo una reunión.