Sofía está pensativa, observando cómo los niños juegan con las pelotas inflables y Francesca intenta relacionarse con ellos, pero la voz de Cédric la saca de sus pensamientos. —¿Estás bien?
—Ay, señor Cédric —suspira—. Estoy en grandes problemas.
—Tu amiga estará bien, nuestro jefe es muy inteligente —dice, y Sofía baja su mirada.
—Eso espero, señor Cédric...
—Deja de mirar a la señorita Francesca, no le restes importancia.
—Señor Cédric, ¿le puedo contar un secreto? Necesito un consej