—¡Cálmate, Lucifero! —le pide—. Solo estoy haciendo mi trabajo, son órdenes de mi jefe.
—¿Qué clase de trabajo? —lo presiona más contra la pared.
—La gordita debe dinero, una deuda que dejó su madre al morir. Yo le tengo que cobrar. Ya sabes cómo es este trabajo.
—¿Deuda? Escucha muy bien, infeliz. Si no quieres que la ira del rey de la venganza caiga sobre ti y tu jefe, dejen en paz a Sofía Mangano.
—¿¡Qué!? —se sorprende.
—Es una maldita orden —lo agarra del cuello para intimidarlo más—. Sofí