Esa orden causa furor en el interior de Leonardo, quien soporta sus ganas de decirle a su padre hasta de que se va a morir.
—¿Mi amor, estás ahí? —Francesca le pregunta al no oír su respuesta.
—Sí —responde con seriedad—. Organiza la boda a tu manera. Sabes que soy un hombre muy ocupado.
—¡Me encanta escuchar eso! —Francesca sonríe super emocionada.
—Siendo así, me quedo tranquilo, Leonardo —dice su padre—. Pero pobre de ti si me juegas sucio. Te conozco.
—No tengo por qué hacerlo. ¿Es