Sofía está sin palabras, claramente lo había pensado, pero deseaba pensar que no fuera lo que dicen de él. —¿Ahora que lo sabes te acobardas?— pregunta Leonardo, y ella pasa saliva, realmente sí está asustada, es una confesión bomba.
—Seguramente lo dices para atormentarme.
—Qué equivocada estás, Mangano. Por lo menos voy a la fija, y eso es lo que soy, y te aseguro que si alguien toca a mis hijos, les hace daño, los hago picadillo y los lanzo al mar, donde hay tiburones.
—Eres cruel…— Sof