La noche caía suave sobre nuestro refugio, pero dentro de esas paredes, la atmósfera estaba cargada de algo mucho más denso que la oscuridad que cubría el bosque afuera.
Lina yacía sobre la cama que habíamos improvisado, su respiración era irregular pero constante, y su piel mostraba aún los signos de la lucha brutal bajo la Luna Roja.
Yo estaba a su lado, vigilando cada pequeño movimiento, cada leve cambio en su expresión. No podía apartar los ojos de ella.
El lazo que nos unía, esa conexión q