Thor se tumbó de nuevo, atrayendo a Celina con delicadeza hasta que su cabeza descansó sobre su pecho desnudo. Ella se acurrucó sin resistencia, como si ese lugar fuera el más seguro del mundo. Él la rodeó con sus brazos y, en un gesto cariñoso y casi instintivo, le besó la coronilla, inhalando el suave aroma de su cabello aún perfumado.
Sin embargo, sus pensamientos eran un verdadero torbellino.
«¿Cómo ha conseguido afectarme tanto?», se preguntaba mientras acariciaba los sedosos mechones co