Mauricio soltó una risa suave, casi aliviada, antes de besarle la frente con devoción.
—Gracias, amor. No tienes idea de lo que este “sí” significa para mí. Es la mayor victoria de mi vida.
Pasó un año en el que ambos se limitaron a besos robados, largos, ardientes, cargados de un deseo contenido. Cada encuentro era una lucha entre lo que sentían y lo que sabían que estaba prohibido. Era como si ese control fuera la delgada línea que los mantenía en pie dentro de las reglas silenciosas de la pr