Sabrina caminaba por las calles iluminadas de São Paulo, sosteniendo la correa de Mel, su pequeña perrita blanca y nerviosa. Llevaba un vestido ligero que se movía con la brisa nocturna y acariciaba su vientre, ya muy avanzado.
Pensaba en los días turbulentos que había vivido, intentando encontrar un poco de paz en la simpleza de aquel paseo. Mel olfateaba las aceras, tirando de la correa de vez en cuando, y Sabrina sonrió.
Fue entonces cuando, al llegar a la esquina, el rugido de un motor la h