James la atrajo con cuidado hacia sí, pasando un brazo por sus hombros.
—Eres una mujer fuerte, Emma. Y una madre valiente. Has enfrentado todo esto con dignidad. Y Celina lo verá. Tarde o temprano, va a reconocer a la mujer en la que te convertiste. Va a querer saber más de ti. Va a querer escucharte.
Emma apoyó la cabeza en el pecho de James, con los ojos fijos en el techo.
—Y cuando ese día llegue… yo estaré aquí. Con los brazos abiertos.
En el silencio que siguió, el sonido de la lluvia que