La respiración de ambos se mezclaba con el sonido seco de los golpes, una guerra sin vencedores, sólo marcas.
—¡ESE CUERPO DELICADO QUE DEVORÉ CON HAMBRE ANIMAL ES MÍO, MILLER! —escupió César, las palabras como veneno y una sonrisa torcida de escarnio en el rostro ensangrentado—. ¡GEMÍA COMO UNA PERRA EN CELO, LADRANDO MI NOMBRE MIENTRAS SE VENÍA PARA MÍ!
Soltó una carcajada, loco, provocador, buscando ver a Thor perder por completo la cabeza.
—¿QUIERES SABER ALGO? ¡LLORABA… LLORABA DE PLACER B