La sonrisa de Celina desapareció.
Miró fijamente la pantalla del celular, donde el número de César parpadeaba junto a la notificación de mensaje. Sus manos se enfriaron por un instante, pero respiró hondo antes de abrir el contenido.
> “Necesitamos hablar.”
Bufó, negando con la cabeza, y murmuró para sí misma:
—No tenemos nada de qué hablar, César.
Sin titubear, borró el mensaje. No le permitiría desestabilizarla.
Ya era de noche cuando, en su lujosa oficina en lo alto de uno de los edificios m