Al salir de la universidad, Thor fue directo a casa. El camino hasta la mansión se le hizo más largo de lo habitual, como si la ansiedad por ver a Celina ralentizara el tiempo. Cuando por fin estacionó en la enorme cochera, lo recibió el fiel mayordomo, con su serenidad de siempre.
—¿Dónde está Celina? —preguntó Thor, acelerando el paso, como si su cuerpo la reclamara.
—La señora Celina está dormida, señor Thor —respondió el mayordomo con una leve sonrisa.
Thor frunció el ceño, sorprendido. Con