Al regresar al apartamento, Celina agradeció por la cena, cruzó una mirada prolongada con Gabriel y se fue a su cuarto. Allí, encerrada, dejó que las lágrimas rodaran en silencio. No sabía cómo lidiar con el cariño creciente por Gabriel y los sentimientos aún mal resueltos por Thor. Se sentía en un limbo emocional, dividida entre lo que quería olvidar y lo que necesitaba enfrentar.
Celina comprendió que la mayor batalla no era contra la rutina agotadora, sino contra el corazón que insistía en r