Comieron entre risas y conversaciones sobre la infancia, sueños e incluso manías extrañas.
Después de la merienda, caminaron hasta el famoso orquidario, donde Zoe se quedó maravillada con la variedad de colores y formas. Arthur la observaba más a ella que a las flores, admirando la manera en que se fascinaba con los pequeños detalles.
—Tú ves belleza en todo, ¿verdad? —dijo él.
—Creo que es el mundo intentando recordarme que aún existen cosas buenas ahí afuera —respondió ella con un brillo en l