Desde la barra, Celina observaba a lo lejos, sonriendo ante la química entre los dos. Pero sentía el peso de la noche posarse sobre sus hombros. Terminó su agua con gas y caminó hacia ellos.
—Zoe… creo que me voy. Me estoy cansando —dijo, tocando suavemente el brazo de la amiga.
Zoe miró a Arthur y luego a Celina, captando el mensaje. Por más que quisiera quedarse un rato más, sabía que su amiga la necesitaba.
—Claro, vámonos.
Arthur intervino con gentileza:
—Si quieren, puedo llevarlas.
—Graci