El cumpleañero sonrió.
—Suerte, hermano. Pero mira... —señaló con el mentón a la mujer que bailaba al lado de Zoe, de espaldas a ellos— ...yo le tengo puesto el ojo a su amiga.
En ese momento, Celina se giró de frente, y Arthur reconoció el rostro al instante. Su cuerpo se congeló por un segundo. La sonrisa se desvaneció, sustituida por una mirada seria, atenta.
—Celina... —murmuró, como si el nombre pesara—. Interesante...
—¿La conoces? —preguntó el amigo, curioso por el tono repentino.
Arthur