Angélica llegó al hospital con el semblante cargado de preocupación. Pidió información en la recepción y caminó por los pasillos hasta el cuarto de Isabela. Al entrar, encontró a la joven recostada, con los ojos hinchados, el rostro pálido y la mirada perdida. El cuarto estaba en silencio, solo interrumpido por el sonido constante de los aparatos médicos.
—Buenos días, Isa… —dijo Angélica suavemente, intentando transmitir un poco de consuelo.
Isabela levantó la mirada lentamente, forzando una s