Kate tenía que admitir que sus ánimos estaban por el suelo, nunca pensó que le tocaría pasar por una situación así. Había tenido que ver a su esposo a través de los barrotes. Ambos intentaron ser fuertes los primeros días, pero aquello los superó; la primera visita después de la sentencia no hicieron más que llorar. Era difícil verlo rodeado de delincuentes mientras sus hijos lo esperaban en casa. Ellos no paraban de llorar por su papá y las noches tranquilas habían quedado atrás, pues era una