Fui echada como un perro de la casa de la familia Esposito.
Estaba furiosa, indignada, pero sobre todo ofendida. Luigi había jugado conmigo de la peor manera. ¿Cómo era posible que hubiese estado todo ese tiempo comprometido?
Al principio no lo podía creer, pero al ver la reacción de su familia supe que era cierto. Es más, eso explicaba muchas de sus actitudes, los silencios repentinos, las llamadas a escondidas, y ese miedo constante a ser visto conmigo en público.
Me subí al auto y comencé a llorar. Nunca en la vida me habían tratado así. Sentía una mezcla de rabia y humillación difícil de describir.
Y no la culpo… porque, siendo sincera, yo hubiera reaccionado igual. Está embarazada, y eso no es cualquier cosa.
Lloré un buen rato, hasta que el dolor me quemó el pecho. Luego arranqué en dirección a la cárcel. Tenía que verlo. Necesitaba que Luigi me dijera en la cara que yo había sido su amante, solo así podría asimilar todo.
Me encontraba feliz porque había visto a mi futura esposa