—No me alcanzará la vida para pedirte perdón —dijo Luigi con voz baja, sin atreverse a mirarme—. Desde el primer día que te vi quise explicarte, pero no quería hacerlo delante de todos los hombres que están en este lugar. No quería dejarte expuesta. Por eso te dije que lo nuestro había terminado.
Sus palabras sonaban ensayadas, medidas, pero cada una dolía como si me atravesaran el pecho.
—Solo que te empeñaste en no aceptar mi decisión —continuó—. Eso fue algo que, honestamente, nunca esperé d