La conversación en la sala fluía entre risas contenidas y comentarios que intentaban disfrazar la tensión. Antonella escuchaba a medias; su mente seguía en el encuentro con Luigi, en la cajita, en el latido nuevo que ya habitaba su vientre. Sin embargo, la sensación de calma se vio interrumpida por el timbre. Una de las empleadas se levantó y abrió la puerta.
La figura que apareció en el umbral rompió el ambiente como una piedra en un lago. Entraron cuatro hombres y una mujer: la mujer avanzó c