Antonella se despertó con un fuerte malestar en el estómago. Apenas tuvo tiempo de abrir los ojos antes de correr al baño, presa de unas náuseas repentinas que le revolvieron el cuerpo. Después de unos minutos, logró recomponerse, respiró profundo y decidió ducharse para comenzar el día con algo de calma. El agua tibia le devolvió la energía, y mientras se vestía, una sonrisa se dibujó en su rostro al pensar que ese día vería a Luigi. También tenía la esperanza de hablar con Jorge, quien seguía