Me encantaba que Marie fuera atrevida, o sea me encantaba que se sintiera segura en mi presencia. Era reconfortante saber que estabas con una mujer madura, una que no tenías que pedirle que se pusiera o se quitara la ropa, una que no sentía vergüenza de mostrar su cuerpo, una que tomaba las cosas con naturalidad.
Juro que era la primera vez en la vida que no me sentía obligado a hacer cortes, a mentirle o inventar alguna excusa para irme. Sabía bien que ella estaría conforme con cualquier cosa