LUIS EN LA OFICINA DE ARQUITECTOS.
Cuando nos detuvimos en mi oficina, el auto que nos seguía se detuvo también, bajamos, Pablo nunca le dio la cara al chofer del auto, siempre miró hacia el otro lado.
Pasados diez minutos, teníamos a Luis en la oficina gritando como loco, por supuesto que Pablo estaba de espalda cuando él entró.
-Maldita perra desgraciada, donde putas te habían metido, donde están mis hijos, recuerda que eres mi esposa maldita bruja.
No me interesa lo que hagas con tu vida, sinceramente si ni tuvieras a mis hij