Capítulo 97. Socios, no empleados.
Horas más tarde, Renzo entró al garaje viejo de la casa dando palmas, con la energía de un niño que va al parque.
—¡Por fin acción! —gritó, y su voz rebotó en las paredes de piedra.
El garaje olía a grasa y a polvo. Allí no había Ferraris ni Lamborghinis como en su vida anterior. Solo había un Jeep Cherokee cuadrado, negro y viejo que Gaetano había comprado el día anterior por dos mil euros. Tenía óxido en el parachoques y un golpe en la puerta, pero el motor sonaba fuerte.
Massimo entró detrás