Capítulo 75. El vientre de la bestia.
El tiempo había dejado de medirse en horas o minutos. Dentro de la caja de acero, el tiempo se medía por el zumbido rítmico y profundo de los motores del barco, un latido constante que vibraba en los dientes y en los huesos, y por las visitas furtivas del marinero filipino que les traía agua y se llevaba los desechos.
Llevaban tres días en el mar. O quizás cuatro. Era difícil saberlo cuando la única luz provenía de una lámpara LED a batería colgada del techo magnético y de las pequeñas rendijas