Capítulo 74. Adiós, América.
La pasarela del Estrella del Norte no era más que una plancha de metal oxidado, estrecha y resbaladiza, suspendida sobre el abismo negro de agua que separaba el muelle del casco del barco.
Se mecía con el viento, golpeando rítmicamente contra el concreto. Clang. Clang. Clang.
—¡Vamos! —gritó Massimo, empujando a Diana hacia la rampa—. ¡No miren abajo! ¡Solo corran!
El sonido de las sirenas ya no era un eco lejano. Estaba encima de ellos. Los aullidos de las patrullas rebotaban en las paredes d