Capítulo 67. Un animal acorralado.
Los diez ejecutivos en la mesa soltaron jadeos ahogados.
La palabra "mafia" en esa sala era un tabú absoluto. Era una condena a muerte corporativa y física.
Silvio palideció. El color rojo de la furia desapareció de su cara. Su piel se volvió gris. Ceniza pura.
—¡Yo no tengo nada que ver con Calabria! —negó Silvio rápido. Demasiado rápido. El pánico le cortó la respiración—. ¡Soy un vicepresidente del Banco Castelli!
Valentina caminó hacia el centro de la sala. Se detuvo a un lado de la mesa de