Capítulo 68. La última amenaza.
Silvio Romano seguía de rodillas sobre la alfombra roja.
Tosió. El aire no le pasaba bien por la garganta. Se agarró el cuello arrugado de la camisa blanca con las dos manos. Le temblaban los dedos. El nudo deshecho de su corbata de seda gris colgaba sobre su pecho como un trapo sucio.
Renzo no se movió. Se quedó de pie, mirándolo desde arriba. Su postura era recta. Dominante. Implacable.
Los otros diez ejecutivos en la mesa ovalada de cristal negro no emitieron ningún sonido. Estaban paralizad