Capítulo 4. Aceptó casarme, con condiciones.
Carlos abrió la boca, pero no salieron palabras.
Valentina asintió lentamente.
—Eso pensé.
Se miraron en silencio. El ruido del tráfico en la calle entraba por la ventana abierta, indiferente al drama que se desarrollaba en el pequeño apartamento.
—¿Y si me niego? —dijo Valentina finalmente—. ¿Qué pasa realmente? No con el cuento de la cárcel, papá. La verdad.
Carlos tragó saliva.
—Don Vittorio... me pedirá que devuelva el favor de otra manera. No sé cómo. Pero no iré a la cárcel, Val. Eso era