Capítulo 14. Bienvenida a territorio enemigo.
Se separó bruscamente. Giró sobre sus talones.
—¡Mario! —gritó Renzo, mirando hacia la cabina de mando en la planta superior de cristal—. ¡Suelta amarras! ¡Sácanos de aquí!
Un hombre de uniforme blanco asintió desde arriba.
Los motores del Dolce Vita rugieron de inmediato. Fue un sonido sordo, potente, que hizo vibrar el suelo de madera de teca bajo los pies de Valentina.
Una vibración profunda que le subió por las piernas, castigando los músculos tensos de su muslo herido, y se le instaló jus