Capítulo 120. Solos, tú y yo.
La puerta de la habitación principal se cerró con un golpe suave, pero firme.
Massimo echó el cerrojo. Clac.
Ese sonido metálico fue como un disparo final. El disparo que mataba el pasado.
La habitación estaba en silencio. Era el único cuarto de la Rocca que no había sufrido daños graves durante el tiroteo, salvo un cristal rajado en una esquina. La luz de la mañana entraba a raudales, iluminando la cama grande con sábanas blancas, el armario de madera antigua y el polvo que flotaba en el aire.