—Ahora sí que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra —replicó Angela, con los ojos verdes brillantes—. Sebastian es el jugador compulsivo aquí, Ian. Pero se ha aburrido de apostar por dinero. Así que ha subido la apuesta a sexo y pecado. Lo próximo que sabrás es que querrá jugar al striptease conmigo aquí mismo, en la tribuna.
—Eh... suena fascinante, amigos, pero discúlpenme un momento. Resulta que todavía me gusta apostar por dinero y hay un caballo al que quiero apostar en la