—Y decirme que eso bien podría ser tu segundo. —Sus ojos oscuros y entornados se posaron en ella—. Te acostaste conmigo la noche antes de desaparecer. Te acostaste en mis brazos e hiciste el amor conmigo, sabiendo que planeabas irte…
—H-hábito —balbuceó.
Unos dedos duros se clavaron en su muñeca, arrastrándola más cerca sin que ella lo deseara. —¿Hábito? —preguntó él con brusquedad, incrédulo.
Tenía la lengua pegada al paladar seco. Asintió en silencio, y retrocedió ante la furia y la repulsión