"Tranquila", la persuadió, retirando la mano con descuido una fracción de segundo antes de que ella echara la cabeza hacia atrás en un violento rechazo a la intimidad. Llamas danzaron momentáneamente en sus ojos y luego una lenta y brillante sonrisa curvó su boca dura. "No pretendía asustarte. Vamos... ¿somos enemigos?"
"Tengo... bastante prisa", balbuceó ella.
"¿Y aún no quieres que te lleve? Bien. Te acompaño", respondió con suavidad. "O podríamos subir al coche y dar una vuelta un rato... in