¿Y qué recibí a cambio? ¡Dímelo tú! —la atacó con crudeza, con la rabia ocultando sus oscuros rasgos—. ¡Un maldito y estúpido garabato en un espejo! Confié en ti como si fueras mi familia y traicionaste esa confianza. Me clavaste un cuchillo por la espalda.
Debería haber estado mejor preparada para esa explosión, pero no lo estaba. Su legendario autocontrol se había evaporado ante sus ojos afligidos, revelando la primitiva profundidad de la ira que se había atrevido a provocar.
—Travis, yo...
—