Freya cerró la puerta, retrocedió un paso y se dirigió a la cocina. No sentía las piernas. Se sentía mareada y con náuseas. Se giró y vio a Travis entrar tras ella y cerrar la puerta, aunque sin cerrarla del todo.
Travis estaba pálido bajo su tez oscura. Y tenía un aspecto asesino.
Espetó: «Aquí es donde me dices que, por alguna extraordinaria coincidencia genética, ese niño que acabo de ver ahí dentro no tiene cinco años y aproximadamente tres meses. Que no heredó exactamente el mismo color de