Habían pasado dos días desde el rescate.
Dos días desde que el miedo cambió de bando.
Las chicas estaban perfectamente bien. El médico lo había repetido tres veces. Los exámenes estaban normales. La hidratación correcta. Sin secuelas graves.
Pero los gemelos San Marco parecían no haber escuchado nada.
Era la hora del almuerzo y la escena en la habitación era casi ridícula.
Leandro estaba sentado al borde de la cama de Agatha, sosteniendo el tenedor con paciencia exagerada.
—Amor, en serio… pued