El orfanato, horas después del ataque, estaba lleno de risas.
Lissandro y Leandro habían tirado los colchones al suelo del salón principal, convirtiendo el caos en un campamento improvisado.
Los niños se acomodaban con mantas mientras una película se proyectaba en la pared blanca. Afuera, sus hombres limpiaban los últimos rastros del desastre.
Anna, recostada entre los brazos de Lissandro, sonreía al verlos a todos juntos.
Leandro se mantenía sentado con la espalda apoyada contra la pared, rode